
En más de una década, las criptomonedas pasaron de ser una idea marginal para un pequeño grupo de entusiastas a un activo debatido en el Congreso y regulado por agencias federales. Hoy ya no se trata solo de una tecnología curiosa, sino de una industria multimillonaria. La cuestión clave sigue siendo su estatus legal: ¿valores, mercancías o una clase de activos independiente?
El equipo editorial de Quickex analizó las sutilezas de la definición del estatus de las criptomonedas. Explicamos cómo ha cambiado la visión de los reguladores sobre los activos digitales con el tiempo.
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Cuando Bitcoin era pequeño
A principios de la década de 2010, Bitcoin parecía más bien una curiosidad exótica. Se hablaba de él en foros y en pequeñas comunidades, debatiendo sobre pagos anónimos y “oro digital”. Para los reguladores financieros, el tema seguía siendo secundario.
La situación cambió a mediados de la década. La aparición de las ICO puso los tokens en el centro de atención. Las startups comenzaron a recaudar millones, a veces incluso miles de millones de dólares de inversores minoristas. Fue entonces cuando la SEC tuvo que definir su postura.

Estadísticas sobre las principales ICO iniciales. Fuente: icodrops
Cómo se trasladó la prueba de Howey a las criptomonedas
El regulador no contaba con una ley especial para los activos digitales. En su lugar, recurrió a una herramienta antigua: la prueba de Howey, que la Corte Suprema de EE. UU. había utilizado en 1946 para determinar las características de un contrato de inversión.
La esencia de la prueba es simple:
- inversión de dinero;
- participación en una empresa común;
- expectativa de ganancias;
- ganancias dependientes de los esfuerzos de otros.
Estos cuatro criterios se convirtieron en el estándar para evaluar los tokens. Si un proyecto los cumplía, la SEC trataba los tokens como valores.
Cómo cambió la retórica de la SEC
El enfoque hacia las criptomonedas dependía de quién presidía la Comisión. Aquí un resumen de los últimos años:
Mary Schapiro (2009–2012)
Para el regulador, el principal desafío seguía siendo la crisis de 2008; las criptomonedas no eran una prioridad.
Mary Jo White (2013–2017)
El auge de las ICO obligó por primera vez a hablar de riesgos y de la posible calificación de los tokens como valores.
Jay Clayton (2017–2020)
Su mandato se caracterizó por el inicio de disputas de alto perfil con proyectos cripto. Por ejemplo, durante este período la SEC cerró el proyecto cripto de Telegram. También en esa época la Comisión presentó una demanda contra Ripple. Lo detallaremos más adelante.
Gary Gensler (2021–2025)
El ex presidente de la CFTC y profesor del MIT adoptó inesperadamente una postura dura. Afirmó que la mayoría de los tokens eran valores e inició procesos contra Coinbase, Binance, Kraken y otras empresas, además de comenzar a elaborar una lista de criptomonedas que violaban la ley de valores.
Gensler convirtió la “regulación a través de la aplicación” en una herramienta de trabajo. Las empresas conocían la postura del regulador solo después de convertirse en demandadas en los tribunales.
La industria se frustraba no solo por la dureza, sino también por la falta de claridad. En las audiencias del Congreso, Gensler esquivaba las respuestas directas. Por ejemplo, no pudo decir si Ethereum, la segunda criptomoneda por capitalización, era un valor:
Además, Gensler no pudo explicar cómo la reventa de entradas de conciertos se diferencia del comercio de valores.
El resultado fue una atmósfera de incertidumbre y la huida de proyectos hacia jurisdicciones con reglas más claras.
Paul Atkins (desde 2025)
El nuevo presidente de la SEC apostó por reglas previsibles. Durante su mandato se lanzó “Project Crypto”, destinado a adaptar las regulaciones antiguas a los activos digitales.
El caso Ripple: un punto de inflexión
La demanda contra Ripple se convirtió en una prueba decisiva para toda la industria. En diciembre de 2020, la SEC presentó una demanda, alegando que la empresa había vendido ilegalmente valores no registrados por 1.300 millones de dólares.
Ripple impugnó las acusaciones. En 2023, el tribunal emitió un fallo parcial: las ventas a inversores institucionales fueron consideradas violaciones, mientras que el comercio minorista en los exchanges quedó fuera del ámbito de la ley de valores.
En 2025, las partes llegaron a un acuerdo: Ripple pagó una multa de 50 millones de dólares y la SEC retiró parte de sus reclamaciones.
Este resultado fue simbólico: el estatus de un mismo token puede variar según a quién y cómo se venda. Al mismo tiempo, el fin de la batalla de Ripple con la SEC se convirtió en una “luz verde” que marcó el final de la “caza de brujas” en la industria cripto. El regulador no logró demostrar que el token XRP fuera un valor al 100 %. Por lo tanto, se retiraron acusaciones similares contra muchas otras criptomonedas.
El punto de inflexión en 2025
Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se produjo un cambio de rumbo. La administración anunció su apoyo al blockchain y la tokenización. El nuevo enfoque implicaba reducir la presión sobre el mercado y desarrollar criterios previsibles para los tokens.
El año 2025 se convirtió en el punto de partida para aclarar el estatus de las criptomonedas.
- La Ley GENIUS estableció requisitos para las stablecoins: respaldo, auditorías obligatorias y supervisión a nivel federal y regional;
- “Project Crypto” buscó adaptar las normas de valores a los activos digitales y a la tokenización;
- Órdenes ejecutivas de la administración consolidaron la política de apoyo al mercado cripto y el rechazo al dólar digital;
- El grupo de trabajo presidencial sobre activos digitales coordina las acciones de las distintas agencias.
Las declaraciones públicas también jugaron un papel importante. Trump expresó en repetidas ocasiones su apoyo abierto a la comunidad cripto y criticó a los reguladores por ejercer demasiada presión sobre la industria. A través del respaldo al mercado de activos digitales, busca convertir a EE. UU. en el mayor centro cripto del mundo.
Conclusión
EE. UU. pasó de la total indiferencia hacia las criptomonedas a principios de la década de 2010, a la dura represión en la era Gensler, hasta los intentos de poner orden en 2025. La demanda contra Ripple estableció un precedente importante, mientras que “Project Crypto” abrió el camino hacia reglas previsibles.
Hoy el mercado estadounidense se encuentra en una encrucijada: las leyes antiguas aún marcan la práctica, pero las nuevas iniciativas ofrecen la oportunidad de un juego más claro y justo para empresas e inversores.
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